A nuestros hijos…
Vengo de un lugar donde el miedo mandaba en silencio, donde el resentimiento de otros marcaba el tono de cada día.
Tuve que arder. Tuve que romperme. Tuve que convertirme en cenizas para descubrir que dentro de mí había otro yo.
En el camino me equivoqué. Muchas veces.
No fui perfecta, y a menudo mi dolor habló más alto que mi amor.
Pero entendí algo: lo que a mí me dolió, en ustedes puede convertirse en conciencia.
Lo que en mí fue lucha, en ustedes puede ser impulso.
Lo que yo aprendí tarde, ustedes lo llevan sembrado desde el inicio.
No les pido perdón por haber sido humana.
Les ofrezco mis caídas como trampolín.
Que mis sombras les enseñen a reconocer su luz.
Que mis límites les recuerden que pueden ir más lejos.
Que mi transformación les recuerde que siempre es posible renacer.
Si algún día vuelan más alto que yo,
sabré que cada error mío habrá cumplido su propósito.
Para reflexionar
“Enséñale a caminar y no reproches cuando tropiece para aprender o cuando elija caminos que no coincidan con los tuyos.
Enséñale a hablar y luego no lo reprendas cuando deje de repetir tus palabras para pronunciar las suyas.
Enséñale a pensar y no lo condenes cuando lo que piense no coincida con lo que piensas tu.
Enséñale a amar y no te interpongas en su camino cuando el decida donde poner su corazón.
Enséñale a ser libre y no pretendas cortarle las alas cuando el ensaye su propio camino…”
Rene Trossero