La Pascua comienza donde algo termina
Hay momentos en la vida en los que algo termina.
No porque lo hayamos decidido.
Sino porque se ha cumplido.
A veces sucede en silencio.
A veces de forma clara y perceptible.
Algo que nos sostenía ya no sostiene de la misma manera.
Y muchas veces la mirada vuelve atrás.
A lo que fue.
A lo que hubiéramos querido conservar.
Pero la vida no regresa a ese punto.
Sigue adelante.
Incluso cuando por dentro nos quedamos detenidos.
Bert Hellinger dice: “Todo lo que es, puede ser”
Quizá en esto haya una profundidad que solo se revela cuando ya no añadimos nada.
Cuando no explicamos.
No retenemos.
No nos adelantamos.
Sino simplemente vemos: así es ahora.
Justo ese momento suele ser discreto.
Y sin embargo contiene algo esencial.
Un paso silencioso.
Un espacio en el que lo que fue encuentra su lugar y lo nuevo aún no tiene nombre.
La Pascua toca exactamente ese punto.
No como un gran acontecimiento exterior, sino como un movimiento interior.
Que algo termina.
Que podemos dejarlo.
Y que desde ahí, sin hacer nada, algo nuevo aparece.
Quizá solo en una mirada distinta.
En un poco más de calma.
Les deseo de corazón unos días de Pascua tranquilos, tiempo en familia y quizás también momentos de silencio en los que pueda mostrarse algo que hasta ahora no tenía espacio.
Por Matthias Posch