Que la luz divina entre en nuestro campo

Que la luz divina entre en nuestro campo

Por Stefano Candela, 23.06.2026. Texto adaptado 

Hoy haremos un trabajo particular en el que realizaremos nuestra experiencia con una nueva tecnología. El objetivo es siempre el mismo: acceder a una realidad en la que estamos en Dios, porque esta nueva realidad es dentro de Dios, y la intensidad de estos encuentros nos permite encontrar esta vibración y mantenerla estable.

Existen diferentes actividades de formación que pueden sostener y reforzar nuestra plataforma de eternidad y, obviamente, la tecnología de Grabovoi nos ayuda. Nuestro objetivo es siempre el mismo: un propósito que está sobre el plano eterno, sobre el tiempo. Nuestro objetivo es subir a este nivel donde los planes de Dios ya están presentes, donde ya son una realidad manifestada.

Vamos, pues, a realizar nuestro acceso a la nueva realidad de hoy.

Como estamos acostumbrados, vamos a contactar la parte más profunda de nosotros mismos. Esto se siente simplemente en la zona del corazón. Difundimos esta información profunda dentro de nuestro cuerpo, dentro de nosotros mismos. Difundamos la luz, por lo tanto, la conexión con el alma la percibimos como una luz brillante.

Sentimos esta luz en la zona del corazón y la extendemos. Es importante percibir este campo, este punto de luz a nuestro alrededor. Después, le damos tridimensionalidad: sale por nuestra garganta y también por nuestro abdomen. Esta luz continúa extendiéndose y expandiéndose. Comenzamos a sentir que se difunde en la mayor parte del cuerpo. Vamos a prestar particular atención a la zona debajo de los pies, como si esta luz fuera a quemar cualquier información limitante allí. También quema la información que está frente a nosotros. Percibimos esta luz que llena bien todo el cuerpo, incluyendo la parte de atrás y la zona superior.

Percibimos que en el sistema cerebroespinal, en la columna vertebral y el encéfalo, hay mucho contenido, tal vez un poco denso; con esta luz es suficiente para aligerarlo y suavizarlo. La luz tiende a ascender, a alargarse en torno a nosotros. Con la misma fuerza la movemos hacia la parte de atrás y hacia la parte de abajo. Finalmente, la proyectamos hacia adelante.

Frente a nosotros percibimos un límite esférico. Es como si viéramos una parte de una esfera; nosotros estamos dentro. Este es el límite entre nosotros y lo que hay afuera; es el límite entre nosotros y la realidad externa, el mundo. Comenzamos a percibir no solo lo que hay dentro de la esfera, hasta el límite, sino también lo que hay afuera. Hemos dicho que en la realidad fuera de la esfera está la acción de Dios, Dios mismo. Nos sentimos realmente en la realidad divina, percibiendo esa luz muy fuerte de Dios más allá de nuestro límite.

Poco a poco, dejamos que en este límite se formen pequeños agujeros hasta que la luz de Dios inunda nuestro campo y nuestro cuerpo. Vemos cómo esta luz rompe el límite y entra en nosotros transformando el contenido informativo. Observamos esto con gracia y ligereza. La luz de Dios transforma el límite, y esta información total, incluyendo la divina, entra en nosotros. Cambia la información dentro de nuestra esfera, la cual se transforma en algo muy luminoso y claro, como el cristal.

Esta luz penetra profundamente. Mientras entra, el contenido se hace más denso, más material; al final, es el cuerpo. Pronto nos damos cuenta de que esta información densa se vuelve más sutil y ligera. La luz entra en nuestro cuerpo a través de ciertos puntos: percibimos una entrada clara en la zona de la cabeza, alrededor de los ojos, y otra en la garganta. Cuando llegamos a la zona del corazón, vemos que hay mucho contenido, porque desde allí estamos emitiendo información constantemente. Es como si llegara agua de dos fuentes; armonizamos ambos movimientos: el que sale del corazón, del alma, y la luz de la acción de Dios que viene hacia nosotros.

Toda nuestra difusión empieza a ser más ligera, creando una luz más infinita, con tonos más luminosos y blancos. Procedemos así, como en la desembocadura de un río donde el agua dulce entra en el mar y el agua del mar entra en el río. Armonizamos estos dos flujos. En realidad, lo que cambia es nuestra expresión, no la luz de Dios. Es una experiencia más allá de las palabras, donde sentimos que nuestro espíritu, por la acción del alma, se alarga y se expande, mezclándose con nuestra conciencia.

Al armonizar nuestra expresión con la luz divina, nuestra manifestación se vuelve más sutil, cristalina y luminosa; todo se vuelve más armónico. Sentimos que el espíritu se manifiesta de manera infinita. Ya hemos recibido la información de Dios y ha iniciado un cambio a nuestro alrededor.

Ahora, expandamos nuestro espíritu hacia todo lo que encontremos en nuestro entorno. Lo plasmamos con el espíritu, lo cambiamos. Esto hace que todo se vuelva luminoso y compacto. Llegamos de nuevo al límite; ahora brilla con luz dorada y es consistente. Los dos campos de luz —la luz divina de Dios que viene hacia nosotros y la luz de nuestro espíritu, mezclada con la conciencia— se encuentran y se perfeccionan.

Dejamos que la luz divina entre en nuestro campo y vemos cómo se transforman los cristales que están delante de nosotros, regenerando nuestra vida a un nivel superior. Cuando esta información llega cerca del cuerpo, se vuelve más densa y material. Colaboramos para que ingrese la luz divina desde el corazón, aunque esta entrada es decidida por Dios. Vemos que en la parte superior, en la garganta y la cabeza, ingresa la información y se ha creado un único campo, un cuarzo luminoso y grande en toda la parte superior del cuerpo.

Al volver al corazón, sentimos un flujo y un reflujo. Nos movemos hacia la parte de nuestro espíritu, el cual engalana esta zona de información, la eleva. Comenzamos a sentir el espíritu como divino. Es una onda diferente a la que venía del exterior. Cuando difundimos este campo del espíritu hacia su límite, es la misma luz. La dificultad del espíritu no es la luz divina que viene hacia nosotros, sino las cosas que rodean nuestra conciencia en el cuerpo y a su alrededor.

Tenemos dos instructores divinos: los espíritus divinos y la luz de la acción directa de Dios. Los colocamos en un espacio sin palabras y sentimos esta apertura potente del corazón, que rompe la información que encuentra y la transforma. Volvemos a mirar hacia el límite que está delante de nosotros. Se ha transformado en algo sumamente denso. Son como reflejos de piedras preciosas, esmeraldas, colores intensos. El límite es ahora una estructura, una piedra preciosa de luz donde está la creación más intensa de la eternidad.

Si entramos en este límite, vemos la realidad en gestación. Sintamos la belleza de esta realidad y cómo sus ondas vienen hacia nosotros, llegando a nuestro cuerpo. Es indescriptible lo que se percibe al recibir esta confirmación de la creación. En las células alrededor de nuestro corazón, es como si hubiera erupciones hacia adelante; es un estado de éxtasis, un deseo físico de unirnos en esta realidad eterna. Las células de nuestro corazón tienen una sensibilidad total a la información divina; ya son eternas, conocen la eternidad.

Siempre en este estado más allá de las palabras, estabilizamos todo. Sintamos este campo único y luminoso. El centro ya no está solo en nuestro corazón, está junto a Dios, entre la realidad externa y nosotros. Es un único campo. Nosotros estamos en el centro, pero este centro está ahora proyectado hacia adelante, pues es el centro de toda la realidad, el punto de creación entre nosotros y Dios.

Sentimos la maravilla y la gloria en nuestro centro: el silencio eterno iluminado que se irradia, la paz profunda, el silencio de Dios. Nuestras células están radiantes de alegría. Disfrutemos ahora esta extraordinaria experiencia y difundámosla.

Recordemos: hay solo un mundo, solo un Dios, y Dios se expande sobre todo. Nosotros somos espectadores de esta gloria y, al mismo tiempo, somos reconocidos.

Ahora dejaremos un momento de silencio. Nos agradecemos recíprocamente. Si alguien quiere escribir lo que ha sentido, les damos tiempo, para que esta experiencia sea a muchas voces. Gracias. 

Ahora leamos las experiencias. Les agradecemos a todos.

María Guadalupe BG.

PorMaría Guadalupe BG.

Investigadora, en constante aprendizaje de la Vida. Escritora y Comunicadora sobre Desarrollo Personal y Espiritual. Op. en Psicología Social. Counselor.

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