La conexión con el campo luminoso, entrando en Dios

La conexión con el campo luminoso, entrando en Dios

Por Stefano Candela, 30.06.2026

…Lo primero es concentrarnos en el centro de nuestro cuerpo y visualizar una luz que comienza a expandirse. El punto a elegir puede ser el área del corazón; allí, en el centro, conectamos con una luz que comenzará a difundirse. Notaremos que se expande especialmente en la parte frontal de nuestro pecho. Queremos que se expanda también hacia atrás, así que prestamos atención a difundir esta luz hacia la espalda. Luego, la dirigimos hacia arriba y veremos que en el área de la cabeza existe una energía adicional; simplemente dejamos que suba y que ese contenido se disuelva dentro de esta luz.

Sentimos cómo el contenido de la cabeza se disuelve en esta luz. Luego, notamos que esta energía desciende, acercándose al pecho, hacia el área de la espalda. Nuestro objetivo es percibir esta luz de forma armónica y uniforme. De igual modo, en la parte baja del pecho, y descendemos difundiendo la luz hacia la espalda, los pies, los brazos y las manos.

Comencemos a sentir que esta luz se expande alrededor de nuestro cuerpo. En este caso, puede ser más fácil que se difunda delante de nosotros y tal vez un poco por encima, pero queremos que también llegue detrás y debajo, es decir, hasta la planta de los pies. Sentimos una gran luz en torno a nosotros. Empezamos a percibir, al centro de este gran campo, nuestro propio cuerpo.

En el momento en que percibimos nuestro cuerpo, esta luz se difunde aún más, creando un campo amplio y elevado. Empezamos a sentir que en el área alrededor de nuestro cuerpo hay contenidos informativos. Al estar en un campo tan vasto, comenzamos a conectarnos con el plano global, con el plano del mundo. Armonizamos nuestra energía con la energía de la Tierra, creando un canal de comunicación informativa a través de esta luz. Se genera un sistema muy grande, integrándonos en un sistema planetario, infinito, a un nivel de luz eterna.

Intentemos percibir esta luz difundiéndose hasta el infinito con gran intensidad. Una de las cosas que podemos observar es si tiene alguna dirección hacia ese plano infinito. A nosotros nos interesa la difusión hacia adelante. Obviamente, buscamos una comunicación en todos los sentidos, pero nos concentraremos en lo que tenemos enfrente: nuestro desarrollo y el futuro.

Para ayudar en este proceso, nos conectaremos con el dispositivo. Sentimos claramente la conexión con el campo de nuestro futuro y lo percibimos como un campo luminoso donde los eventos son factibles. En este futuro remoto, nos percibimos a nosotros mismos.

Sentimos que las dimensiones ya no son solo tres y que la fuerza de la información y de la luz es mucho mayor a la actual. Intentamos sentir nuestra relación con Dios, independientemente del tiempo. En realidad, se siente con claridad que la relación con Dios está en el centro. Estamos nosotros, en el centro está Dios y más adelante se encuentra nuestro futuro. Avanzamos entrando en Dios y accediendo a esta realidad multidimensional.

Percibimos todo lo que ocurrirá en nuestra realidad futura, teniendo claro que estamos dentro de Dios y que nos vemos a través de Él. Es una experiencia fuera del tiempo, llena de vida. Iniciamos a sentir que nuestro cuerpo físico está en esta realidad. ¿Cómo es posible? El cuerpo se siente con claridad en esta etapa; podemos notar con el cuerpo lo que estamos viendo en el futuro. Al hacerlo así, esta realidad se percibe con mayor materialidad, con más fuerza.

Intentamos experimentar este futuro, percibiendo un objetivo específico en su interior. Observamos cómo toda esta luz divina, presente en el futuro, plasma y modifica nuestro objetivo para llevarlo a lo que deseamos ver. Nuestro objetivo se vuelve brillante, se transforma en un sol y cambia completamente de forma. Podemos estar presentes aquí, en el presente, o allá, en el futuro. Podemos vernos, percibirnos, ver nuestro rostro y sentir nuestra esencia, la materia orgánica de nuestro cuerpo tal como es.

De esta experiencia tan intensa, abrimos un corredor temporal hacia el presente, hacia nuestro cuerpo físico aquí. La información de nuestro cuerpo físico futuro, eterno, llega hasta nuestro cuerpo físico presente. Empezamos a sentir que somos simultáneos: estamos tanto aquí como allí.

Recordamos buscar los objetivos. Sentimos tres puntos: un punto en el futuro, nosotros allí y Dios en el centro. La información de Dios atrae mucha energía, por lo que todo gira en torno a Él. Al percibir esta unificación, en realidad estamos percibiendo nuestra unidad con Dios. Sentimos esta fusión entre nuestro cuerpo y la realidad de Dios mismo: nuestro cuerpo dentro del suyo. Dios nos apoya en la superposición de ambos cuerpos, en el lugar donde Él habita.

María Guadalupe BG.

PorMaría Guadalupe BG.

Investigadora, en constante aprendizaje de la Vida. Escritora y Comunicadora sobre Desarrollo Personal y Espiritual. Op. en Psicología Social. Counselor.

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