¿Sostener lo que ya no corresponde?
Las madres -y padres- solemos cargar y sostener cosas que ya no nos corresponden cuando los hijos son adultos. Sería bueno verlo con anticipación, pero a veces nos damos cuenta cuando surge un conflicto. Como sea que nos demos cuenta, de manera liviana o de manera intensa, lo esencial es seguir el camino del desarrollo infinito 
Elegir aprender de todo lo que observamos. Porque aquello que se manifiesta está al servicio de ser mirado de manera profunda para poder discernir qué es lo que necesitamos sanar y transformar en nuestros vínculos familiares.
Desde un estado adulto, podemos observar que:
El deber de los padres hacia los hijos termina a los 21 años, todo lo que se da despues es amor, generosidad y merece reconocimiento y gratitud.
Y si no está presente ese reconocimiento y agradecimiento, ¿cuál/es son las causas?
Ahora bien, si no está presente el reconocimiento y la gratitud, ésto nos muestra algún desorden sistémico en la familia. Ese hijo/a puede que esté ocupando un lugar que no es su lugar ante los padres, porque asi lo ha sentido desde niña/o por ejemplo.
Entonces, como adultos -tanto en el rol de madre/padre como en el rol hijo/a – podemos preguntarnos:
¿Qué idea/creencia errada, inconsciente, hay detrás de sostener lo que ya no corresponde?
¿A quién tengo que sostener realmente en esta etapa de vida hoy?
Encontré este texto aqui, te lo comparto (desconozco autor), es para hablar con tu niñ@ interior y liberarlo desde el estado adulto de cualquier idea o creencia errada que podamos sostener hoy de manera inconsciente, y nos genere conflictos. Visualizas tu niñ@ interior delante de ti y le expresas:
Ahora te sostengo yo.
En los días claros y en los días oscuros.
Cuando todo fluye y cuando duele respirar.
Ya no tienes que hacerlo sola/o.
He madurado.
Y con esa madurez llegó una verdad que antes no podía mirar:
tú y yo nunca estuvimos separadas/os.
Siempre fuimos una/o.
Hoy puedo verte sin huir,
sin exigirte que seas fuerte,
sin pedirte que aguantes más de lo que un corazón pequeño puede sostener.
Reconozco algo importante, y lo digo con humildad:
te abandoné.
No porque no te amara,
sino porque creí que para sobrevivir
tenía que ocuparme de otro/s antes de mí.
Me agoté hasta el límite.
Nos agoté.
Confundí amor con sacrificio,
presencia con resistencia,
y te dejé esperando mientras corría a sostener mundos que no eran míos.
Lo siento.
De verdad lo siento.
Gracias por no rendirte.
Gracias por tu esperanza terca,
por tu capacidad de soñar incluso cuando nadie miraba,
por tu sensibilidad,
por tu fe en la vida cuando yo solo sabía sobrevivir.
Gracias por enseñarme a sentir,
por recordarme la ternura,
la verdad del cuerpo,
la risa que nace sin permiso.
Hoy quiero pedirte algo distinto.
Ya no que cargues,
ya no que sostengas,
ya no que esperes.
Te pido que camines conmigo.
Que me recuerdes cuándo parar.
Que me tomes de la mano cuando me endurezca.
Que me susurres verdad cuando vuelva a olvidarme de mí.
De ahora en adelante,
yo pongo los límites.
Yo tomo las decisiones difíciles.
Yo sostengo el miedo, la tristeza y el cansancio.
Tú solo tienes que ser.
Aquí estoy.
No me voy.
No te dejo.
Ahora te sostengo yo.
Y juntas/os —por fin—
somos hogar.

A Nuestra Madre y Padre