Observar la Presencia del Alma, por V. Konev
Conferencia de Viacheslav Konev por la Salvación Global del día 24/02/2026
Podemos aprender a realizar gestiones con la presencia del alma que existe en cada persona. A la vez, debemos sentir cómo Dios se incorpora en esta gestión, cómo nos acompaña y nos apoya.
Muy buenas tardes a todos. Vamos a realizar hoy otra gestión colectiva con la tarea de macrosalvación y de desarrollo armónico.
El tema puede ser la seguridad nuclear en la Tierra; puede ser, por ejemplo, una estación nuclear concreta que esté cerca del lugar donde vivimos, o la estabilidad de los virus para evitar mutaciones y la aparición de nuevas cepas. También existe la posibilidad de trabajar para que no se aprueben leyes a favor de la eutanasia, lo cual puede ser otro tema de enfoque. Cada uno puede elegir el asunto que considere más útil o prioritario. El trabajo se realizará a partir de la acción de gestión del alma.
Resulta que el alma tiene infinitos niveles para la realización de su trabajo. Vamos a representarla en la forma de una columna vertical de luz delante del cuerpo físico de la persona. Partimos de la base de que el alma se encuentra dentro del cuerpo o muy cerca de él, pero también en el «espacio del alma». Al mismo tiempo, está presente en el cuerpo físico y en cualquier punto del mundo con su propia luz, la cual podemos observar con nuestra visión. Si observamos la luz del alma, nos damos cuenta de que esa luz es el alma misma; nos muestra su luminosidad en su totalidad. Veremos el alma en sí misma como una columna vertical luminosa delante del cuerpo físico, situada a su lado o, más bien, frente a él.
Esto puede percibirse en dos sentidos: podemos sentir esa columna luminosa como una estructura infinita que permanece cerca de nosotros, junto a nuestro cuerpo. Tenemos la tarea de estudiar y observar ese estado y presencia del alma. Si profundizamos en esta comprensión, podemos aprender a realizar gestiones con la presencia del alma que existe en cada persona. A la vez, debemos sentir cómo Dios se incorpora en esta gestión, cómo nos acompaña y nos apoya.
Siempre decimos que Dios está presente en todas partes y, por supuesto, en cada acción de carácter creador del ser humano. Sin embargo, esto es mucho más profundo cuando vemos la presencia de Dios de forma consciente. Independientemente de la tarea macro que hayamos escogido —o cualquier otra cosa que cada uno desee trabajar—, cuando percibimos la presencia divina y no solo la suponemos o imaginamos, podemos realizar una gestión realmente firme.
Para algunas personas, la problemática de la legalización de la eutanasia es de especial importancia, ya que la vida fue dada al hombre por Dios y nadie tiene derecho a decidir quitarla; esto conecta con el mandamiento de «no matar». Si nos planteamos como tarea la protección de la vida de todos los seres vivos, no solo ahora sino por el tiempo infinito, comprenderemos lo correcta que es nuestra acción al ver la participación de Dios en ella. Dios siempre está presente en las acciones correctas. Podríamos decir que, en toda acción correcta, especialmente cuando se actúa desde el amor, hay forzosamente una participación de Dios. Este es un nivel de orientación simple: cuando alguien encuentra la presencia de Dios en su propia acción, puede estar seguro de que actúa correctamente.
Constatar la presencia de Dios en nuestra acción puede lograrse por una vía tecnológica sencilla, accesible para cualquier persona sin necesidad de una formación espiritual extensa. El camino tecnológico será el siguiente:
En primer lugar, fijaremos en nuestro interior que el alma es el lugar de la precisión de la acción. El alma es la fuente de exactitud para el ser humano cuando este actúa en sintonía con ella. Esto se relaciona con la percepción de la luminosidad del alma. Al percibir esta columna luminosa vertical que es el alma delante de cada persona, focalizamos nuestra mirada con la intención de verla. De esta forma, realizamos una acción profunda con una atención incrementada. El alma está aquí con nosotros, frente a nosotros, y también en la forma de nuestro cuerpo físico.
Al decir esto, nos referimos al cuerpo físico verdadero, al aspecto original y auténtico del ser humano. Si la persona tiene algún problema óseo, una fractura o ha sufrido una amputación, la presencia del alma tiende a corregir o eliminar ese defecto. Sentiremos que la luz está dentro de nuestro cuerpo físico; de esta manera, cualquier afectación se corrige. Aquí ocurre una transición importante: la columna luminosa del alma delante de nuestro cuerpo nos muestra un sistema de coordenadas de cómo nos movemos. Comenzamos a percibir el alma en la forma del cuerpo físico, refiriéndonos a la personalidad completa. Primero percibimos el alma y luego pasamos al cuerpo, dentro de la unidad de la personalidad.
De esta manera, no hay limitaciones para el cuerpo físico. Cada persona puede considerarse personificada y representada por el alma. Esta personificación no se limita a la forma, sino al movimiento y al ajuste a la Norma. Así pueden resolverse problemas de columna, realizar tareas de rejuvenecimiento o trabajar con los órganos internos y la piel. En las tareas de macrosalvación, también incluimos tareas individuales que afectan tanto a la persona como al mundo entero.
Este trabajo con el alma es la vía tecnológica para llevar a cabo la macrosalvación. Si la persona percibe esa personificación en su alma a nivel informativo, verá que los lazos entre el cuerpo físico y el alma son inseparables. Todos los elementos del mundo se proyectan sobre el cuerpo físico y se organizan con la participación del alma, que se encuentra en cada punto de la realidad. Podemos ver ahora los vínculos del alma con diferentes puntos del mundo, incluso a millones de años luz. Prácticamente todo participa en la organización de nuestro cuerpo en este mismo instante.
Al ver esa luz, tenemos la oportunidad de confirmar el carácter inseparable de los lazos entre el cuerpo y el alma. Aunque estemos trabajando con información lejana, sentimos una aproximación hacia nosotros mismos. Dios observa nuestra acción y cómo transitamos hacia actividades relacionadas con nuestro ser. Podemos ver simultáneamente lo lejano y lo cercano, y cómo la luz de la eternidad parte de nosotros hacia afuera.
Al percibir esa luz de color blanco plateado, el individuo se da cuenta de que es la luz de la eternidad que emana del cuerpo físico y se esparce por toda la realidad. Esta luz organiza la acción de Dios en la comprensión humana. No entraremos en detalles sobre las tareas individuales que Dios asigna, sino en el hecho de que la persona puede ver esa luz de la eternidad blanco-plateada extendiéndose por el mundo. Es algo que se entiende perfectamente, sin necesidad de explicaciones especiales.
Esta luz se expande con diferentes velocidades y, dentro de nuestra percepción, existe un nivel lógico natural. La persona comprende enseguida que se trata de la eternidad. Esto se manifiesta según la formación de cada uno: un matemático lo percibirá desde su ciencia, un físico desde la suya o alguien más desde una percepción biológica. Independientemente del área, siempre se llega a la conclusión correcta: la eternidad se acerca al cuerpo físico. Es fácil convencerse de ello y, una vez logrado, esa luz es inconfundible. Entonces, se comprende rápidamente lo que Dios hace por la salvación general.
Si alguien necesita una demostración de este entendimiento, basta con volver al cuerpo físico y observar cómo funciona respecto a la generación y distribución de la eternidad. El cuerpo sabe perfectamente qué hacer en el siguiente instante. Si el cuerpo lo sabe, yo también lo sé, porque el cuerpo es mío. Esta es la vía tecnológica para visibilizar la acción de Dios.
Es posible que alguien desee construir una catedral, pero no alce su voz contra una ley contraria a la voluntad divina. O que figuras públicas se pronuncien sobre temas menores pero callen ante la defensa de la vida. Debemos tener claro por qué damos cada paso en esta gestión.
Imaginemos ahora nuestra macrotarea. Incluso la resurrección de una sola persona se considera una macrotarea. En la vida eterna, siempre se puede reaccionar ante cualquier circunstancia. Es prioritario pensar en la defensa de la vida para las generaciones futuras y prevenir una catástrofe global. Debemos ser conscientes de que las fuerzas contrarias a la vida siguen actuando; nuestra tarea es proteger a todos los seres vivos, incluso a aquellos que apoyan dichas fuerzas, pues cada uno es un ser vivo.
Práctica de concentración:
Vamos a detenernos un momento para prepararnos mejor para la concentración. Observemos nuestro cuerpo. Sintamos nuestra responsabilidad por la acción que vamos a emprender; esta es la función espiritual que determina la precisión y realizabilidad de nuestro objetivo.
Miremos nuestro cuerpo desde fuera para percibirlo entero, de una sola vez. Mantengamos esta percepción. Sigamos con atención nuestra respiración y observemos cómo crece nuestra sensibilidad. Sintamos en la respiración ese nivel infinito de profundidad. Observemos las corrientes energéticas que nos rodean y nos penetran; esas corrientes somos nosotros mismos. Identifiquemos el área donde se concentran las emociones: en el pecho, en las manos, en las rodillas. Experimentemos la libertad y el confort de todo nuestro ser.
Entremos ahora en el espacio de nuestros pensamientos. Investiguemos esa área y experimentemos la ligereza y libertad de ese espacio infinito. Estemos presentes en cada punto, esparciéndonos en la infinitud. Mantengamos esta percepción unos segundos, incrementando la rapidez del movimiento creativo.
Observemos nuevamente el cuerpo. Confirmemos que trabajamos en plena conciencia en la tarea elegida, como la prohibición de la muerte. Demos libertad al movimiento de la vida, sin obstáculos. Sintamos cómo se objetiva nuestra percepción y nuestra alma. El alma genera un nivel infinito de amor; esa es nuestra esencia.
Resaltemos el brillo del alma en forma de columna luminosa. Ese brillo es el alma en sí. No tenemos que crear nada, solo percibir nuestra realidad. Esa columna es firme y recta. Percibamos esa luz también con la forma de nuestro cuerpo físico verdadero. Lo que está delante de nosotros es nuestra alma con nuestra forma auténtica. Al mirarla, resaltamos esta percepción dentro de nuestra personalidad.
Este es el instante en que obtenemos nuestro verdadero cuerpo. Cambiamos el ángulo de visión: no buscamos el alma desde el cuerpo, sino que desde el alma vemos el cuerpo. Así, el cuerpo obtiene la movilidad para organizarse según le corresponde al nivel del alma. El cuerpo reacciona a cada instante a lo que hace el alma. En nuestro cuerpo comienzan a aparecer elementos de la eternidad debido a estos lazos irrompibles.
La vida de nuestras células y órganos es la organización que nuestra alma establece. Esto produce una purificación interna. Al observar estos altos niveles de organización, vemos cómo la luz del alma se dirige hacia cualquier elemento de la vida. El alma es una de las bases del mundo y nuestras acciones se llenan de su luz, sin importar la distancia. Sentimos que armonizamos la vida, equilibrándola para que no se ralentice ni se acelere innecesariamente. No hay punto en el cuerpo donde el alma no interactúe.
A través de este trabajo, acercamos el universo a nosotros. Cada uno puede notar no solo lo que realiza su alma, sino también lo que realiza su cuerpo, desde cuya superficie emana la luz de la eternidad. Esta luz organiza la acción divina en nuestra macrotarea. Incluso nuestra respiración cambia. Llenamos el mundo con esta luz y, de forma instantánea, comprendemos que es la eternidad orientada a la salvación universal.
A través de nuestra gestión, la luz divina llega a todas partes. Podemos organizar la acción del Creador en la dirección que consideramos importante. Enviamos esta luz también hacia aquellos que promueven leyes como la de la eutanasia, para que comprendan la necesidad de defender la vida. Esta luz de Dios es potente, estable y no nos ciega. Nada puede distorsionarla desde fuera.
Sintamos que somos inseparables del mundo, que somos parte de él y él es parte nuestra. Observemos esto durante unos segundos, aprovechando la unión de tantas personas en todo el mundo. El alma organiza el mundo y, a través de ello, organiza nuestro cuerpo. Entendemos el sentido verdadero de la vida, que es eterna, asegurando esa eternidad para todos y para nosotros mismos.
Concluimos aquí este trabajo, aunque cada uno puede continuarlo el tiempo que desee. Hemos trabajado con la Enseñanza de Grigori Grabovoi sobre la Salvación y el Desarrollo Armonioso. Material presentado por Grigori Grabovoi el 29 de enero de 2003. Un material de la eternidad misma que nunca pierde su profundidad.