Parejas: Superar separación
Bert Hellinger propone que una separación sana ocurre cuando se honra el vínculo con frases como:
“Te amé, reconozco lo vivido y, con respeto, te dejo ir.”
¿Por qué cuesta tanto separarse?
La respuesta está en tu sistema familiar. Bert Hellinger explica que la dificultad para romper vínculos, ya sea en relaciones de pareja o familiares, no es solo emocional, sino sistémica e inconsciente. Aquí algunas razones clave:
1. Órdenes del amor y el vínculo sistémico.
Toda relación crea un lazo energético que no se rompe fácilmente. Si hubo un desequilibrio entre dar y recibir, quien dio más suele quedarse atrapado en la sensación de deuda.
2. Patrones familiares repetitivos.
Muchas veces, no nos separamos porque estamos repitiendo historias familiares:
3. El sistema de culpa
El sistema familiar retiene a sus miembros con un sentido de culpa: “Si me voy, traiciono a mi familia”. Esta culpa no es personal, sino heredada.
4. Amor infantil y lealtades invisibles
Desde niños aprendemos que amar es sacrificarse. Esta lealtad inconsciente nos impide tomar decisiones que nos liberen.
5. La clave: un cierre consciente
Hellinger propone que una separación sana ocurre cuando se honra el vínculo con frases como:
“Te amé, reconozco lo vivido y, con respeto, te dejo ir.”
Cuando comprendes estas dinámicas, puedes liberarte sin culpas ni miedos.
Otra perspectiva para mirar la separación de una pareja
A veces, lo que llamamos “separación” no es una ruptura, es una liberación sagrada.
Dos almas que, habiéndose acompañado, eligen soltarse para seguir creciendo.
No desde el abandono, sino desde la comprensión profunda de que juntos ya no florecen.
Desde lo espiritual, no es el final de una historia, es el nacimiento de dos nuevos caminos que ya no caben en la misma piel.
Cuando el propósito de la pareja ya está cumplido, separarse es tener el valor de decir:
“Te suelto para que podamos continuar nuestro crecimiento personal, porque juntos, ya no es posible“
Es un acto de amor maduro, de respeto hacia el propio camino y del camino del otro también.
Y de gratitud por lo vivido juntos.
La relación fue fértil. Dio frutos. Enseñó. Cumplió su propósito.
Y ahora termina con dignidad y gratitud por lo compartido, para que algo nuevo nazca en cada uno.
Cuando comprendemos esto, las culpas, los reproches y la rabia ya no tienen cabida, se disuelven.
Y queda solo lo esencial: el amor que libera.
Porque lo que fue verdadero amor, aunque los cuerpos se alejen, siempre quedará vibrando en el alma.