¿Hacia dónde mira el niño?

Muchas niños con dificultades en la escuela se los trata como si ellos fueran el origen del problema de aprendizaje, y asi, se les da tratamientos psicológicos, medicamentos, etc.
Gracias a los aportes del filósofo alemán Bert Hellinger, hoy sabemos que, muchas veces, los niños miran lo que sus padres no ven, se hacen cargo de aquello que los grandes de su sistema familiar no miran:
“Lo que se ha visto en algunos hijos a través de su comportamiento, que a menudo nos agobia tanto, es algo necesario para el sistema familiar que los demás miembros rechazan.
El niño toma eso sobre él en lugar de los demás. Mira con amor hacia los excluidos.
Tras este comportamiento, se esconde el amor.
Cuando se trabaja con niños difíciles, no miramos pues a los niños sino la dirección en la que ellos miran. Entonces, se pone en marcha un movimiento, un movimiento que cura, que libera al niño, porque los padres miran allí donde deben mirar. El niño ya no necesita mirar en su lugar ni comportarse en función de eso.
Esta es la manera de proceder más esencial en el trabajo con los niños”
Bert Hellinger
De esta manera, Hellinger abre una puerta hacia nuevas posibilidades, donde la mirada está situada allí hacia donde el niño se siente atraído y hacia lo que quiere hacer por los adultos de su familia.
Entonces los niños se sienten aliviados.
Por otro lado, podemos observar que lo que parecía un “problema” es “amor”, un amor infantil en estos niños que desean hacer algo por los adultos.
“Los padres y todas las personas implicadas, deben cambiar. Deben mirar de frente lo que antes no han mirado.
Es así como comienza un proceso de crecimiento, primero con los padres. Solamente entonces, los niños son libres”
Bert Hellinger
Para tener en cuenta
Por Matthias Posch:
Lo que no se mira no desaparece. Permanece activo. La pertenencia no termina con la muerte. Cuando alguien no recibe un lugar interior, surge tensión en el sistema – y los niños la perciben con especial sensibilidad.
Bert Hellinger dijo:
«Aquello que excluimos nos ata.»
Un niño hiperactivo puede estar mirando inconscientemente hacia quien los adultos no miran. Su inquietud no es rebeldía. Es un movimiento de vínculo. Una lealtad silenciosa hacia quien falta.
Mientras la familia no dirija su mirada allí, el niño permanece interiormente en movimiento.
Cuando el excluido es visto, algo cambia profundamente. La inquietud pierde su tarea interior. El niño ya no necesita recordar ni representar.
Y con frecuencia ocurre algo muy sencillo:
Se aquieta el sistema.
Se aquieta la familia.
Y se aquieta el niño.