Tiempos de revelación
¿Qué es auténtico y qué se ha convertido en un hábito?
¿Qué he aceptado que ya ni siquiera reconozco como un patrón?
Abrirnos a la pregunta para observar qué se vuelve visible en nuestro mundo interior. Nuestro desarrollo implica aprender a discernir entre lo que verdaderamente nutre nuestra vida y lo que simplemente continúa porque siempre ha estado ahí. Claro que puede emerger la desilusión, y no es agradable; pero nos permite ver la realidad tal como es, y no como la habíamos imaginado. Hay momentos en los que perder una ilusión es el primer paso hacia una claridad genuina, Hacia una Vida Auténtica.
¿Qué nos escondemos hasta de nosotros mismos?
Descender bajo las apariencias
Hoy nada permanece superficial. Hace años la psicología ha hablado de la proyección, y sigue siendo una de las claves más importantes para comprender profundamente nuestros vínculos. Observarnos en cada vínculo y darnos cuenta qué emerge de nosotros en la relación. Cada vínculo manifiesta un aspecto particular de nosotros mismos que no puede surgir de la misma manera con nadie más. Algunas relaciones despiertan el coraje, otras despiertan la ternura, otras intolerancia, otras nuestros miedos más profundos, y otras convocan una creatividad que ni conocíamos en nosotros.
Cada vínculo nos muestra un aspecto particular
Mirar con honestidad qué nos invita a la liberación interior, y mirar también ese campo creativo que emerge, lo que la relación crea. Esa dinámica sutil a través de la cual otro ser humano se convierte en el espejo, el catalizador de aspectos de nosotros mismos que desconocíamos. Puede emerger tanto sombra para purificar como creatividad: discernir es la clave de nuestro camino de reconocimiento de sí.
¿Elección personal o lealtad a narrativas ancestrales inconcientes?
La proyección no siempre es personal; a veces lo que proyectamos pertenece a historias que comenzaron mucho antes de nuestro nacimiento y concepción: como lealtades familiares, miedos heredados, traiciones antiguas, contratos emocionales que se transmiten de una generación a otra, sin que tengamos consciencia de ello. Pero el cuerpo lo recuerda, y allí donde nos duele es donde se encuentra el secreto oculto y la respuesta liberadora.
Distinguir entre lo que hemos heredado y la creatividad que emerge -genuinamente- de nuestro Ser
¿Qué nutre mi creatividad? ¿Qué permite que emerja? ¿Qué la silencia? ¿Cuánto de lo que creo es honestamente mío, y cuánto se ha convertido en un intento de satisfacer expectativas de otro/s?
Una vez que hemos descubierto nuestra creatividad, el paso siguiente es clarificar qué hacer con ello.
Es decir, volvernos responsables, responder hábilmente a lo que nuestra alma desea manifestar.
En síntesis, estos son tiempos para hacer espacio en la mente, desde la consciencia unida al alma, para reconocer lo que ha permanecido inconsciente; con profundidad y coraje para afrontar verdades incómodas. Este proceso aporta consciencia creativa al campo colectivo que compartimos todos. Entonces, es posible hacer lugar a lo creativo y constructivo para uno y para todos.