Bajar la información divina a la realidad concreta

Bajar la información divina a la realidad concreta

Por Stefano Candela, 21/07/2026, Acceso a la nueva Realidad:

La actividad de esta noche es especialmente importante en cuanto al proceso de creación de la nueva realidad.

En este momento, existe una frecuencia particular en la creación de la nueva realidad. Muchas personas me han escrito para indicarme que han sentido esta onda, este cambio. El alcance de la reunión de hoy es entrar en correlación con esta acción del Creador y colaborar con nuestra capacidad creativa en su misma misión.

Iniciemos. Primero, respiremos, tranquilizándonos, y concentrémonos en el área del corazón. Cuando nos enfocamos en nuestros pensamientos, nuestras actitudes se liberan; pareciera que surgiera un espacio en blanco al entrar en el corazón. Sentimos que en esta área hay material acumulado, preocupaciones y ansiedades.

En realidad, si vamos al centro del corazón, podemos ver la luz del alma, pero en torno a él sentimos pesadez, un poco de cansancio o ansiedad. Simplemente, liberamos todas esas tensiones, soltamos los bloqueos y, al hacerlo, nos damos cuenta de que el espacio cerca del corazón se ha vuelto libre. Aprovechemos este espacio.

Entremos un poco más en la zona del corazón y proyectemos su luz a nuestro alrededor. Percibamos esta esfera de luz en torno al corazón y difundámosla más, sintiendo la conexión con Dios. Sentimos cómo Dios se conecta con nuestro corazón desde afuera y percibimos su acción en nosotros.

Ahora, somos nosotros quienes proyectamos esta sensación que hemos obtenido de Dios hacia toda nuestra esfera. Sentimos que somos colaboradores de Dios y que sus acciones podemos realizarlas también nosotros. Sentimos estabilidad en esta relación.

Comenzamos a sentir cómo, desde lo más profundo de nuestro ser, se difunde la luz del alma. Esta luz es una luz de creación y nosotros la dirigimos hacia abajo. Porque esta realidad divina, que percibimos en lo alto, queremos llevarla sobre la Tierra, materializarla.

La luz que emana de nuestro corazón la dirigimos hacia abajo, concentrándonos en el aspecto de la materialización. Continuamos hasta darnos cuenta de que la materialización está completa. En ese punto, proyectamos esta luz hacia adelante, hacia el futuro infinito, sintiendo la información de identidad de la eternidad. Dentro de la información de la eternidad, podemos percibir la acción de Dios como una vena en un árbol, como una rama; al entrar en esta rama, vemos que es densa en información, es una realidad, y seguimos la acción específica de Dios realizada en el plano de la eternidad.

Nuestra atención está en esta vena, en la acción de Dios. Percibimos bien esta realidad y observamos el trabajo de Dios en este momento: qué está realizando, qué está haciendo en su planeta. Cuando nos conectamos con esto, se siente una grandísima luz, una gran expansión; se siente que “ya todo está hecho”.

Solo en esta área de luz intensa, a diferencia de la parte baja donde se ha encontrado la manifestación, la realidad de Dios es completa. Tomamos este espejo de luz, esta luz divina, y nos movemos hacia los lados, hacia abajo. Se observa como una esfera; bajamos la luz que sale por arriba y la extendemos en toda la esfera hasta la parte inferior. Se siente que el centro de la acción de Dios está en plenitud.

Al final, nuestro trabajo es simplemente encontrar la acción de Dios en el plano divino y abrirla para que complete y llene toda la realidad material.

Este es un trabajo que nos compete a nosotros, al ser humano; colocar la información de Dios en la realidad concreta.

Esta es una acción verdadera que llega al fundamento mismo de la realidad. Nos concentramos en este punto de amplificación de la verdad. Es un punto específico, el punto de conexión con la realidad. Vemos que existe la realidad de Dios arriba y, en el fondo, este punto de construcción. Podemos extender esta acción del mundo hasta el punto donde ocurre la unión con la realidad; cuando la información de Dios llega allí, surge una luz fortísima que trasciende todo. En esta corona de luz es posible ver el rostro de Dios, la realidad estática de Dios.

El aspecto de la manifestación se ha completado y sentimos, en el centro de toda esta esfera de realidad infinita, una gran satisfacción. Llevamos esta satisfacción hacia la parte inferior, hasta que llega al punto donde está el fundamento de esta realidad. Al tocar este punto, se abre de nuevo, ya no como una corona, sino como un gran punto de luz, concentrado en la realidad. Sentimos la onda de retorno de esta creación y llega al corazón, tal como al inicio habíamos sentido la vibración de Dios.

Para Dios no hay tiempo; al inicio o después, todo es un único plano. Dios está fuera del tiempo. La información que sentimos al inicio es la misma que sentimos ahora, solo que ahora es más consistente; es el resultado de nuestra labor: exportar la información de Dios al centro de la Tierra, al punto principal de creación de la realidad. Sentimos esta nueva realidad y, en ella, insertamos nuestros objetivos personales. Al colocarlos en esta nueva realidad, poco a poco, ellos toman su dimensión.

Toda la semiesfera superior está plena de luz eterna. De nuevo, lo que debemos hacer es lo mismo indicado anteriormente: tomar la luz de la semiesfera superior y dejar que encienda la realidad inferior, integrándola. Exportamos esta luz hasta la parte más baja, transformando toda la sección inferior. Lo percibimos a nivel tridimensional; en la parte baja de la semiesfera, vemos áreas que se mueven, mientras la parte superior está llena de luz. Queremos que la luz de arriba esté también abajo; entonces, en el área más densa, dejamos descender, como una lluvia, la información divina. La luz integra progresivamente toda la esfera, encendiéndola por completo.

En la parte que nos corresponde, ocurren modificaciones. Es importante llegar a percibir la misma luz en toda la esfera; se abren perspectivas de luces fortísimas, la verdadera salvación. En el centro, se encuentra Cristo en su aspecto de gloria, lleno de luz: el corazón de Cristo-Dios y Dios en el infinito eterno. Desde esta perspectiva, introducimos en el corazón de Cristo toda la realidad, que es transformada completamente en la acción individual de Dios encarnado. Permanecemos admirando esta acción absoluta de Cristo, Dios encarnado.

Cuando Dios está encarnado, toda la realidad se apoya sobre él. La acción de Cristo-Dios es realidad. Podemos ver esta luz de salvación, que es el faro central de la creación de la realidad eterna de todo para todo. Podemos agradecer, con palabras o silencio, pero lo importante es agradecer con el corazón, pues Cristo ama nuestras respuestas. Nosotros somos Él y Él es todo, toda la realidad.

Sentimos en el corazón, por tercera vez, la presencia de Dios, pero ahora de una forma ligera y suave. Muchísimos agradecimientos a Dios, que está contento con nuestra gratitud. Concluimos con este intercambio de amor, porque, en realidad, es un sitio infinito de amor, una esfera, una rueda.

El amor es la estructura del universo; no hay más que amor.

Concluimos esta experiencia con el corazón colmado de gratitud por su acción y su gloria infinita. Gracias.

María Guadalupe BG.

PorMaría Guadalupe BG.

Investigadora, en constante aprendizaje de la Vida. Escritora y Comunicadora sobre Desarrollo Personal y Espiritual. Op. en Psicología Social. Counselor.

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