Salir de la complacencia
Salir de la complacencia -para ser aceptados o pertenecer- es parte de nuestro desarrollo de consciencia.
A veces sentimos “Esto no me hace bien“, a través de nuestras emociones, del cuerpo o de nuestro estado interior. Muchas personas conocen esta sensación en la vida cotidiana, sin embargo se sigue funcionando, aunque por dentro falta tranquilidad. Uno se siente cansado, irritable o percibe una tristeza silenciosa, aunque externamente todo parezca estar bien. En el trabajo. En las relaciones. En la vida cotidiana. Dentro de uno mismo se siente claramente: “Esto no se siente bien“. Y aun así seguimos adelante, callamos, nos adaptamos.
Ese conocimiento interior de que uno está como cargando cosas que en realidad no corresponden a su verdad. De ahí nace a veces tristeza. Y a veces también una silenciosa rabia hacia uno mismo. Porque uno siente que se ha abandonado a sí mismo en determinados momentos. Y sinceramente la honestidad con uno mismo requiere ser valiente. Más valiente para decir las cosas claramente, para poner límites, para confiar realmente en lo que sentimos; en lugar de seguir complaciendo.
Pero ¿por qué hacemos eso? ¿Tal vez por miedo a dejar de pertenecer?. ¿Por miedo al rechazo?. ¿Por miedo a los conflictos?. ¿O quizá porque lo conocido nos da seguridad, incluso cuando interiormente hace tiempo que ya no resonamos internamente con la situación?.
Dejar atrás viejos patrones requiere valentía. Muchas personas sienten profundamente que un cambio es necesario. Y aun así permanecen en situaciones que les quitan energía, porque lo nuevo es desconocido y genera miedo.
Lo único que verdaderamente nos acompaña siempre somos nosotros mismos, cuidar ese vínculo con uno mismo, con nuestra alma unida al Alma del Creador, es nuestra responsabilidad personal.
Mirarnos con honestidad y dejar de ignorarnos a nosotros mismos es uno de los desafíos mayores en nuestro desarrollo personal.
Asumir y asimilar cuántas veces nos hemos adaptado, cuántas veces hemos callado, cuántas veces hemos vivido en contra de aquello que dentro de nosotros se sentía verdadero y correcto por miedo. Este reconocimiento puede ser el impulso para volver lentamente a conectar con uno mismo con honestidad, paso a paso. Una conexión con nuestro interior desde la verdad, con aquello que se siente tranquilo, claro y auténtico.